El perdón y la dignidad



El perdón no es una cuestión de palabras sino una actitud”.


Cuando alguien me hace daño, sufro el dolor causado. Si después se acerca y me pide perdón, ¿qué ocurre? Además del dolor recibido, tengo que darle algo que haga que se sienta mejor. Qué diferente sería que se acrecara y dijera: “Siento lo que he hecho. Me hago responsable de las consecuencias. Y si ya no quieres tener contacto conmigo, también lo acepto”. Yo diría que lo primero es una actitud infantil y lo segundo es la actitud de un adulto responsable.

También puede ser que esta persona me ofrezca algo como recompensa. Tal vez algo que no le resulta fácil, que le cuesta. Por ejemplo pasar sus vacaciones conmigo, junto al mar, cuando lo que a él realmente le gusta es la montaña.

¿Cómo me siento si alguien me pide perdón y le digo: “Te perdono”? En el fondo es un acto de arrogancia, de ponerse por encima del otro, igual que un rey que perdona la vida a un súbdito. Si esto ocurre en una pareja se crea un desequilibrio que pone en peligro su continuidad. Lo mismo ocurre en una amistad o en la relación entre hijos y padres. Si en lugar de perdonar al otro le muestro el dolor causado o mi enfado por lo ocurrido, tendrá que encarar las consecuencias de su acto. De esta manera ambos mantienen su dignidad.

Ahora bien, si yo me siento inocente y veo al otro como culpable, y desde este lugar le pago con la misma moneda, devolviéndole incluso con creces el daño ocasionado, él se sientirá maltratado y con derecho a causarme todavía más daño. Así comienza un intercambio pobre. Si siento que quiero causarle daño, es importante que “le devuelva algo menos”. Entonces el otro se siente mejor, ha pagado por lo que hizo, y yo también me siento mejor, pues no me he quedado con mi enfado. A partir de ahí los dos podemos relacionarnos de nuevo. (A veces puede resultar revelador hacerse la siguiente pregunta: “¿Qué te he hecho para que estés tan enfadado conmigo?”).

¿Así que el perdón no existe? Sí, pero tiene que ver más con una actitud y con un sentimiento que con las palabras. Este perdón se da dentro de uno, asiente a lo que ha sucedido y toma la vida tal cual es. Todo lo ocurrido me ha hecho llegar a este lugar en que me encuentro hoy. Si no hubiese tenido exactamente la madre y el padre que tengo, ya no sería yo. Sería otro.

A veces se dan sucesos de tal gravedad que la persona que los sufrió no se siente capaz de asentir a ello, es una exigencia demasiado grande. Por ejemplo, un superviviente del Holocausto. Es a la generación de sus hijos o de sus nietos a quienes les toca completar la tarea. Si lo logran, no solamente consiguen la paz para ellos, sino para todo el sistema, para los que vinieron antes y los que vendrán después. Un acto así siempre incluye a los perpetradores y a sus víctimas.



© Peter Bourquin, agosto 2005

www.ecos.web.com


Publicado en el ECOS-boletín No 10, marzo 2007.

También publicado en el libro "Las Constelaciones Familiares", 2007.


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