Nuestra cultura tiende a desligarse cada vez más de la trama relacional de la familia y de la red familiar. La experiencia práctica en el trabajo con Constelaciones Familiares, sin embargo, demuestra que la suposición de una personalidad autónoma es, en muchos sentidos, una ilusión. Para bien y para mal el individuo se halla unido a su familia a través de varias generaciones, habitualmente de forma inconsciente y mucho más intensa de lo que a primera vista se supondría.
Bert Hellinger observó las dinámicas que conllevan identificaciones e implicaciones trágicas de una generación a la siguiente. En el trabajo de Constelaciones Familiares, estas dinámicas e implicaciones salen a la luz. Al restablecer los Ordenes del Amor, dando a cada miembro de la familia un lugar de dignidad y respeto, aparecen soluciones a menudo sorprendentes para el bienestar y alivio de todos los componentes de la familia.
El procedimiento
En un taller de grupo, la persona que hace su Constelación elige representantes para aquellas personas que integran su familia actual o de origen, incluyendo un representante para sí mismo, y los coloca en el espacio. A partir de ahí el coordinador acompaña al cliente al encuentro con su realidad, orientándose en la expresión corporal y emocional de los representantes, y completándola con frases curativas o ritos de lenguaje corporal. Así se forma una nueva imagen encaminada a soluciones alternativas y al asentimiento consciente al propio destino.
Es un método útil para aquellas personas que quieran trabajar con asuntos problemáticos de su vida, ya sea de naturaleza relacional y familiar o bien perdidas y duelos, guiones y pautas repetitivas, trastornos y enfermedades graves. Interesa también a todas las personas que se dedican a las profesiones de ayuda.
